El Estado uruguayo ha decidido tomar la posta sobre el cambio de las políticas de drogas. Y, si bien en el mundo hay pocos casos de legalización como en Holanda y algunos otros de legalización para usuarios medicinales o descriminalización como Portugal, en la América hispana ningún país había adoptado una posición pro legalización. El gobierno vecino presentó una propuesta de proyecto de ley que legalizaría la producción, distribución y comercialización de marihuana por parte del mismo Estado.
"Lo que se busca con esto es bajar el consumo de pasta base de cocaína", explicaba el Presidente uruguayo José Mujica, refiriéndose al incremento de la violencia en el país.
El punto más discutible del texto es la exclusión del autocultivo y la regulación de la cantidad mínima que ofrecería el mismo Estado. Sobre esto, el argumento es que no se puede liberar el autocultivo porque no se puede regular. Dijo Mujica, "hay 130 mil personas que consumen marihuana y la producción y distribución del Estado parte del hecho de que esa situación de consumo no debe quedar en la clandestinidad". Y agregó que "entendemos que es mejor que halla un mercado regulado de marihuana" en referencia a otros proyectos presentados que regulaban tambien el autocultivo casero a un máximo de ocho plantas por persona y otros que no ponen límites.
Se venderán las dosis en lugares específicos y la producción y venta la hará una empresa estatal. Habrá una cantidad mínima para cada persona que no ha sido fijada aún y se discute también si se hará un registro de consumidores.
"Hoy mucha gente fuma marihuana en Uruguay, pero la venta y la tenencia es ilegal" asegura Diego Cánepa, Prosecretario de la Presidencia uruguaya. Actualmente Uruguay es el único país latinoamericano que tiene despenalizado el consumo de marihuana, aunque penalizada su tenencia y venta.
Convengamos que legalizar el cannabis puede un gran negocio, y si el Estado es quien explota esa legalización pueden obtenerse grandes dividendos. Pero, teniendo en cuenta las palabras del mismo Mujica la idea del proyecto es reducir el consumo de pasta base mediante la reducción de daños. En este caso, el reductor sería la marihuana. Pero esta politica de reducción de daños ya esta demostrando que funciona por ejemplo en Portugal, el país europeo que en los ´90 tenía los índices de mayor contagio de sida por uso de drogas y de consumo de heroína. Allí se aplicó una politica de descriminalización de los usuarios en las que estos ya no son vistos como delincuentes al sacarlos del sistema penal para ingresarlos al sistema de salud. No se prohiben los consumos y se pregona por reducir el impacto de consumir drogas duras. En una década se logró reducir en un 90% los contagios sida y se redujeron los consumos de la mayoría de las drogas consideradas ilegales.
Contra todos los pronósticos prohibicionistas y las recomendaciones de los Estados Unidos Portugal ha sabido abrirse camino y lograr convivir con la reducción de daños sin infringir los tratados internacionales sobre drogas y lucha contra el narcotráfico. Aquí también el autocultivo ha quedado relegado. El argumento es similar al de Uruguay, pero su realidad fue mucho mas compleja.
Como decía antes, los índices de contagio de sida tanto como el consumo de heroína han determinado que se relegue el autocultivo casero por, en principio, lograr reducir estos índices y generar políticas a largo plazo. El vecino charrúa no tiene el mismo problema en cuanto a la gravedad de la situación, pero podría convertirse en el primer país latino en legalizarla y, de ahí en más, buscar apoyo en el resto del continente para generar políticas en común.
En Nuestro país la realidad es otra. En cuanto al acuerdo al que habían llegado el FAP, el radicalismo y el oficialismo para presentar un proyecto que despenalice la tenencia del consumo y el autocultivo, estos últimos decidieron bajarse del proyecto hasta tanto no halla mas consenso popular.
En Argentina tendremos que esperar un poco más todavía por una reforma que se cae de madura. La ley 23.737 ha generado mas desgracias que las drogas mismas. Y convengamos que prohibir por prohibir no lleva a ningún buen puerto.
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